¿OPINION PUBLICA O CONCIENCIACION ABERTZALE?
      CRITICA CONSTRUCTIVA DE LA PRACTICA COMUNICATIVA DEL MLNV

      Iñaki Gil de San Vicente


      5. ¿QUÉ HACER?.


      5-3. Identidad y radicalidad.

      Ofrecer nuestra imagen desplazando la que de nosotros dan los medios del Pacto, la superación gradual del miedo de sectores circundantes que, en el último momento, dudan de darnos el apoyo y retroceden, la introducción del deseo en la política, etc., son tareas a realizar que podemos y debemos asentar en la profunda identidad nacional vasca, pero también en su radicalidad de fondo cuando están en peligro fundamentos centrales suyos. Nunca mejor el concepto de radical que en este caso: lo radical dentro de la identidad nacional atañe a las raíces de fondo de su reproducción. La identidad aparece radicalmente expuesta en los momentos de peligro. Lo hace en tres frentes interrelacionados que en último extremo se sintetizan en la lucha armada: uno, consciencia de desaparición y muerte del euskara; dos, consciencia de la opresión y negación de los derechos nacionales de Euskal Herria y tres, consciencia de la explotación del pueblo trabajador vasco. Estos tres frentes han mantenido diversas niveles de prioridad parcial que nunca han cuestionado la unidad de la identidad nacional.

      La evolución de los acontecimientos tiende a aumentar las posibilidades objetivas de aumento de la radicalidad como efecto del empeoramiento de todos y cada uno de los frentes. Nuestra lengua, nuestros derechos y necesidades de autogobierno y la sobreexplotación de clase, los tres, caminan ostensiblemente a un empeoramiento. De ahí el aumento de las condiciones objetivas de radicalización de la identidad -algo a lo que ya nos hemos referido anteriormente- sin embargo tenemos que desechar la ingenuidad de que por arte de birli-birloke aumente la consciencia subjetiva acorde a esa condición objetiva en agudización. Para aumentar y fortalecer esa conciencia subjetiva es imprescindible la introducción del deseo y, en general, todo un conjunto de medidas algunas de las cuales ya hemos citado aquí. Pero en el tema concreto que ahora tocamos tres son las organizaciones del MLNV con más posibilidades de incidencia y por ello con más responsabilidades: ASK, JARRAI y LAB. Esto no quiere decir que el resto, HB por ejemplo, no tengan una función muy importante, quiere decir que JARRAI, LAB y ASK desarrollan dinámicas directamente entroncadas con los factores históricos de radicalidad independentista.

      La defensa y propagación del euskara, deber de todo abertzale, no hubiera alcanzado empero las cotas actuales sin la tenaz acción de los movimientos y colectivos euskaltzales. En el aun vigente esquema organizativo nuestro, la centralización no sustitutoria ni dirigista de ese esfuerzo ha estado y está en ASK. Quiere ello decir que el sistema de comunicación concienciadora del MLNV en su conjunto tanto la defensa y propagación de nuestra lengua y cultura, como la función y prestigio de ASK deben ser especialmente cuidadas. Tan cuidadas como debe ser la función y el prestigio de LAB en el movimiento obrero y de JARRAI en el juvenil. Ambas dos realidades también deben ser permanentemente potenciadas, divulgadas y explicitadas por nuestros medios pues son los otros dos pilares centrales de la radicalidad. En el aptº 5-8 al estudiar la riqueza del MLNV, su unidad y diversidad, defenderemos la urgencia de prestigiar a sus organizaciones concretas, generalmente ocultadas por la sombra de HB con consecuencias negativas.

      La importancia de JARRAI no queda ceñida a su actual función. Aparte de que debe reivindicar y agitar ya de inmediato el deseo juvenil en todas sus formas, también tiene otras tres grandes áreas públicas y una más interna. Las públicas, vitales para la efectividad futura de la concienciación abertzale, son la repotenciación de KIMUAK o en cualquier caso, después de una valoración de lo realizado, de otras formas nuevas pero que incidan en lo mismo; otra, IKASLE ABERTZALEAK y la última, las relaciones con LAB en todo lo relacionado con la explotación juvenil. Pensamos que no hace falta razonar más al respecto. Sí hace falta empero insistir en una función interna que apenas es considerada pero que sí resulta básica, vital y decisoria: además de dotar de nuevos y nuevas militantes al Movimiento en su conjunto -¿cuántos jóvenes empiezan en JARRAI y cuántos siguen luego en el MLNV?- debe en estrecha relación orgánica con las otras estructuras y con IA, debe cuidar la potenciación de militantes cualificados: abogados, sociólogos, periodistas, economistas, psicólogos, historiadores, etc., etc. Posteriormente, en el aptº 5-5) hablaremos de la necesidad de dotarnos de equipos interdisciplinarios capaces de asesorar al MLNV y elaborar toda serie de estudios, y JARRAI tiene aquí una tarea central hoy totalmente descuidada.

      LAB está malgastando sus innegables logros y su capacidad de aportación global al Movimiento. Su creciente presencia en los medios, el desbloqueo del muro contrainformativo que ha logrado, sus acuerdos con ELA, su crecimiento sindical, etc., son logros importantes pero, primero, no los estamos rentabilizando lo suficiente dentro y fuera de nosotros pese al encuadre teórico-político del tema realizado hace tiempo y, segundo, no está enrojeciendo ni obrerizando a las estructuras internas del bloque por la sencilla razón de que sus militantes apenas participan en ellas, aunque se sientan partícipes política y moralmente. El tema de la rentabilización ya ha sido estudiado anteriormente y aquí no vamos a concretarlo. Sí tenemos que advertir del peligro que supone la segunda cuestión: la débil asistencia y aportación del sindicato a las estructuras locales del bloque.

      La radicalización de clase, presocialista si se quiere, es aún así decisiva. No se puede avanzar en ella sin las aportaciones de los militantes del sindicato en las estructuras locales. El que así se produzca ya sólo -y ya casi ni eso- cuando hay un conflicto obrero fuerte que afecta al barrio o pueblo entero, es un indicativo del alejamiento práctico. No sirve de mucho a la larga, aunque en el momento es importante, la presencia de delegados sindicales en determinadas movilizaciones de GG.AA como viajes a París, etc. Son actos de presencia válidos en su rentabilización inmediata; incluso sirven para que más de un delegado reduzca su pertenencia al bloque y las obligaciones de consciencia que ello supone a esos viajes y a las manis nacionales, además de las cenas de turno en la herriko.

      El peligro radica en el distanciamiento creciente que se abre en lo práctico, lo político y lo teórico entre la dinámica interna del bloque en sus estructuras locales y el sindicato. Esa distancia corta las necesarias aportaciones bidireccionales, el mutuo enriquecimiento, la complementariedad, etc. A resultas de ello se merma la capacidad de globalización de las estructuras locales, decisivas según nuestro esquema organizativo, debilitándose su potencial de aporte crítico y de radicalización clasista, trabajadora y obrerista, del bloque en su conjunto, de sus estructuras locales y de sus militantes. El problema es tanto más serio cuanto que constatamos dos cosas: una, que muchos jarraitxus no conocen ni saben lo que es ni la importancia que tiene un delegado sindical abertzale y otra, que encima sólo gente del sindicato podría -y no siempre- explicar y aportar sobre las cambios socioeconómicos. Además de esto el distanciamiento de LAB acarrea lo mismo dentro de HB con el agravante del desclasamiento notorio -¿total?- de la Mesa Nacional que aunque responde a más causas también tiene una relación estrecha con el tema que tratamos.

      Fortalecer la identidad y radicalidad del independentismo de clase exige el esfuerzo sistemático en esas tres vertientes, además de otras que venimos citando, así como de algunas que se nos olvidan o desconocemos. Las tres rendirán sus frutos a medio plazo, como prácticamente la totalidad de medidas que se proponen en este texto y es que, realmente, no hay pócimas ni ungüentos milagrosos.

      5-4. Otros sentimientos e identidades.

      La radicalización del independentismo de clase -en el sentido que damos a la clase obrera como núcleo estructurante y significante del concepto estratégico de Pueblo Trabajador-, más el conjunto de medidas que proponemos debieran permitirnos superar una vieja disputa heredada del pasado y que se expresa en la imagen engañosa de las dos caras de la misma moneda, la "cara nacional" y la "cara social". Si bien con el tiempo, bajo la presión de las transformaciones de fondo, esta falsa disputa tenderá a desaparecer y de hecho cada día que pasa va quedando claro que así sucede, todavía y sobre todo en el plano de la acumulación de fuerzas nos enfrentaremos a esa disyuntiva. No sirve de nada negarlo. Una cosa es la tendencialidad objetiva de la evolución social y otra las diversas fuerzas que actúan dentro, que inciden en componentes nacionales y etno-culturales diferenciados con sensibilidades, sentimientos e identidades propias.

      Son muy significativos los esfuerzos del Pacto para enfrentar de mil modos esas diferencias: de un lado a los "marxistas" contra los "nacionalistas"; de otro, a los de una supuesta "ETA berri" contra los de otra supuesta "ETA zaharra"; además, al "derecho de aprender euskara" con el "deber constitucional de hablar castellano"; también, la potenciación planificada de las casas regionales, etc. Todos ellos esfuerzos destinados a frenar la integración, a mantener y aumentar las distancias e incluso las posibles hostilidades -¿estrategia de balcanización como ha insinuado reiteradamente el PSOE?- entre comunidades. Recordemos que ya en una fecha tan temprana como 1978 desde la supuesta "izquierda marxista" en su tiempo escindida de ETA, uno de los actuales ideólogos del gobierno español, Manu Escudero, sentó las bases del problema de las "dos comunidades". En realidad, estudiado rigurosamente el asunto, hay más de dos comunidades, a no ser que incluyamos dentro de la "comunidad española" a gallegos, andaluces, etc., con sensibilidades y sentimientos e incluso identidades nacionales. El problema no consiste sólo en que esos sectores existen en las generaciones maduras y viejas, sino que además las condiciones sociales, la complejidad de la reproducción de los diversos códigos, etc., hacen que sectores y franjas sociales relativamente jóvenes sean receptivos aún a los programas que hacen bandera de esa división.

      En las zonas específicamente vascas, con fuerte identidad nacional euskaldun, la vivencia de lo clasista es y será durante un tiempo diferente en sus formas accesorias a la que se produzca en las grandes barriadas de superposición de capas generacionales de emigrantes, hijos de emigrantes en proceso de tránsito de la sensibilidad vasca al sentimiento vasco, nietos de emigrantes en proceso de transformación del sentimiento en identidad vasca y de autóctonos que incluso pueden sentirse más españoles que muchos hijos de emigrantes. Por el otro lado del problema, en estas barriadas, la vivencia vasca es y será durante un tiempo diferente a la de las zonas euskaldunes en las que se han generado fuerzas intercomunicativas capaces de desplazar e imponerse a los medios desnacionalizadores del Estado y de las transnacionales. Las gamas de situaciones entre ambos extremos son muchas y no podemos analizarlas aquí, pero sería suicida por nuestra parte negar la permanencia durante por lo menos una generación a partir de ahora, más los efectos residuales posteriores que intentarán ser activados por las fuerzas reaccionarias de uno u otro sentido, de esa disparidad entre "lo nacional" y "lo social".

      La práctica concienciadora debe saber adaptarse pues a esos polos a la que vez que debe unirlos: hemos hecho intentos en determinadas campañas electorales y en problemas especiales, pero sus resultados indican que aún no hemos dado con el método adecuado. Con una población inmensamente mayoritaria de asalariados, con una mal llamada "clase media" en disminución y proletarización, con una reducidísima minoría burguesa ¿qué es lo que está fallando de nuestra práctica de integración y aglutinación?. Tendríamos que extendernos aquí al análisis general de lo que sucede en todos los capitalismos desarrollados para comprenderlo, pero no sólo eso. También tenemos que estudiar los diferentes orígenes nacionales de la población vasca, algo que no hemos hecho y que está debajo de tantos y tantos desengaños y desconciertos de militantes abertzales tras comprobar que después de años de esfuerzos miles y miles de obreros, mujeres, jóvenes, ancianos y minorías marginadas prefieren votar al PSOE, IU e incluso PP en Vascongadas y al regionalismo -tan derechista como el PP y el PSOE- que a nosotros.

      No podremos equilibrar ambos polos si desconocemos esas realidades internas que, por otra parte crecerán en importancia en las fases sucesivas de aplicación y plasmación del Proceso Negociador. Crecerá porque el Estado y los regionalismos jugarán a fondo sus bazas, activarán -el Estado lleva tiempo haciéndolo- el españolismo adecuado a su contexto y necesidades coyunturales y/o el regionalismo disgregador u otras posibilidades que no podemos tocar. Lo que nosotros definimos como "confrontación civil entre vascos" tiene sobre todo en su interior un componente latente de confrontación entre varias comunidades culturales y/o nacionales, confrontación con la que el españolismo amenaza cuando cree conveniente. Nos enfrentamos pues a un problema contradictorio y complejo pues, de un lado, mientras que la evolución socioeconómica y poblacional -no llegan de fuera sino que salen para afuera- tiende a solucionarlo a la larga, la evolución sociopolítica -las presiones españolistas - tiende a lo contrario, a agudizarlo.

      ¿Qué hacer?. Una vez más insistimos en que es imposible lanzarnos a resolver este problema -que pretenderán agudizarlo- utilizando sólo el recurso al parche y al remendón. Son dos las tareas que debemos hacer, ambas basadas en un conocimiento más exhaustivo de la estructura sociocultural vasca. Recordamos aquí los datos ofrecidos anteriormente, en el aptº 3-1 sobre la identidad nacional de clase, acerca de la estructura poblacional y sociocultural. Según el censo de 1991, el 33% de la población de Hegoalde tenía los cuatro abuelos del País, el 7% tenía uno o dos abuelos de fuera, el 29% uno o dos padres de fuera y el 31% eran nacidos fuera de Hegoalde. No tenemos datos sobre la fuerza profunda de los sentimientos regionalistas y nacionalistas no españoles. Podemos preguntarnos sobre si también en estas fracciones se produce la demostrada caída de españolismo y ascenso de "localismo" y "regionalismo" que se constata en el Estado.

      De un lado, elaborar un modelo independentista que demuestre que su obtención es positiva para todos los pueblos oprimidos por el Estado. Que demuestre que luchar o al menos apoyar la independencia vasca es ayudar a familiares propios que viven en la tierra natal y que, de algún modo, se benefician del sueldo obtenido en Hegoalde. Que ilusione sobre el futuro de los hijos, de la propia vejez dentro de Hegoalde, en vez de alentar la vuelta al pueblo lo que sigue potenciando el estatalismo y su justificación españolista. Un modelo que, a la vez, dé esa respuesta dentro de una concepción estratégica de qué Europa queremos y necesitamos, de qué modelo y estrategia de ubicación en el Mundo queremos y necesitamos. Aún no hemos elaborado nada, absolutamente nada al respecto, excepto los cuatro tópicos democraticistas de HB sobre Europa que se están utilizando las elecciones europeas.

      De otro lado, incluso antes de elaborar ese modelo, acercarnos, conocer las realidades de esos sectores, discutir con sus representantes y ver qué podemos hacer juntos. Por ejemplo, ¿por qué no se pueden buscar contactos entre los comités locales de HB y las casas regionales allí donde las haya?. ¿Tenemos miedo a enfrentarnos a situaciones nuevas?. Por ejemplo, ¿por qué no se pueden buscar contactos entre los movimientos populares y sociales abertzales y, si existen, organizaciones, colectivos, entidades, etc., mediante las que o en las que se expresen esos sectores?. Las y los compañeros formados en un ecosistema, hábitat social y universo simbólico euskaldun debieran conocer más detenidamente las realidades socioculturales de los grandes barrios emigrantes, en donde el desarraigo y la desnacionalización con respecto a los padres se unen al retraso y dificultad del arraigo y nacionalización en lo vasco. No es este sitio para profundizar en esta esencial problemática que afecta directamente ni más ni menos que al 60% de la población de Hegoalde según el censo de 1991.

      5-5. Contra el Estado invisible.

      Lo que nosotros definimos ligeramente como "lucha ideológica" sirve de poco contra el Estado. Alguna vez, y a no tardar, tendremos que revisar nuestras nociones sobre qué es el Estado en cuanto aparato generador de consenso que no sólo de coacción; productor de colaboracionismo que no sólo de represión; atractor de simpatías que no sólo de odios; aglutinador de intereses conservadores y centralizador de micropoderes cotidianos y poderes paraestatales y extraestatales, que no sólo repartidor de palos y torturas. La idea del MLNV sobre el Estado es extremadamente pobre: se centra en su vertiente directamente represiva olvidando, o desconociendo, su capacidad de autolegitimarse, de disfrazar su brutalidad, de crear instrumentos complejos, invisibles, desperdigados de dominación y control teledirigido. Intuimos algo de ello cuando en vez del Estado analizamos al Pacto y en concreto a los gobiernillos de Iruñea y Gasteiz.

      Esta incapacidad, con la que volveremos a toparnos desde otro ángulo al estudiar nuestra "teoría" -por llamarla de alguna forma- de la democracia existente, ha sido y es la responsable de tres cosas que nos constriñen actualmente: una, minusvaloramos la capacidad del Estado para aglutinar sectores alrededor del Pacto; dos, minusvaloramos la efectividad de instrumentos complejos de dominación e intimidación y tres, sobrevaloramos la efectividad de las simples denuncias de la brutalidad represiva, convencidos de que ellas mismas -siempre necesarias pero insuficientes- generan conciencia. Y así muchísimos militantes y laguntzailes del MLNV se preguntan que ¿cómo es posible que la gente no reaccione más, no se pringue plenamente en la lucha, no luche contra un paro tan alto, contra la corrupción generalizada, contra la pobreza en aumento, contra torturas y brutalidades, contra la ocupación militar, etc.?. La debilidad de nuestra concepción del Estado, de sus poderes e instrumentos, nos impide responder. Crece así el desconcierto, el cansancio o la indiferencia a la hora de lanzarse a pelear. Es más ¿pelear contra qué si se desconoce lo que es?.

      ¿Qué hacer?. Hay que partir del hecho de que en esta problemática la simple propaganda no vale de mucho; tampoco sirven de mucho los clásicos artículos teóricos, excepto para debates, aclaraciones y discusiones entre grupos selectos que luego, en su práctica diaria, sabrán adaptar esa teoría a una denuncia práctica más asequible. Hemos de ser conscientes de que debemos empezar por aclarar los términos, por explicar a la militancia los aspectos centrales, el intríngulis del problema. En otras palabras, nos movemos en una realidad que exige previamente un enriquecimiento teórico del MLNV. La problemática de los poderes, de las capacidades del Estado, de su naturaleza es de suyo teórica antes que práctica: sin la teoría es imposible perfeccionar la práctica. Es más, uno de los escollos de la lucha armada en los contextos formalmente democráticos es precisamente la capacidad de absorción, el efecto muelle, la función de colchón de esas formas complejas e invisibles del Estado para neutralizar parcialmente el impresionante poder pedagógico de la lucha armada.

      La necesidad de dicho enriquecimiento se agudiza encima con la evolución de los medios de contrainformación, su simbiosis con el Estado, su desmaterialización como único foco y materialización plurifocal, policéntrica y multiforme. Nos movemos aquí dentro de esas "realidades virtuales" cotidianas de los diversos y aislados segmentos sociales, minoritarios en sí mismos o minorizados desde el Poder a pesar de su cuantía y peso social innegable. En estos marcos es literalmente imposible desmitificar al Estado sólo con la desnuda práctica, lo es por la razón contundente de que el Estado no existe como tal, como estratega de la reproducción ampliada del Capital. Existe como simple administrador, incómodo, exigente, correoso e inepto y corrupto hasta la médula, pero como simple administración, es más como necesaria administración. No nos engañemos.

      Cientos de miles de vascos ven al Estado español como administración necesaria. Otras centenas de miles avanzan un poco y lo ven como la administración que se niega a concretar el estatuto de Vascongadas y el de Nafarroa, apenas más. Ya son menos los que rechazan esa administración ocupante pero anhelan otra igual pero en manos del regionalismo. Algo más de dos centenas de miles rechazan frontalmente el Estado y desean nebulosamente otra cosa diferente, pero sin precisiones teóricas, que dé cuerpo a la consigna de Independencia y Socialismo y por fin unos cuántos miles, seguramente la proporción más alta por densidad de población de todo el capitalismo desarrollado, saben que el Estado sea español, francés o vasco, es una máquina de opresión de la mayoría por la minoría, y saben que Euskal Herria también necesita un Estado, PERO OTRO ESTADO TOTALMENTE DIFERENTE. Esta es la realidad. La sorda coerción capitalista, la alienación, el silencio que impone el miedo, las complicidades que imponen las prebendas que ofrece el Estado a los colaboracionistas, etc., semejante presión diaria se suma a la capacidad de engaño de los medios. Resulta así la difuminación de los contornos más crueles del Estado, cuando no su desaparición.

      Sólo la paciente explicación teórica sirve en este concreto problema. Definimos aquí teoría como la capacidad de enunciar sintéticamente las experiencias prácticas de las luchas contra el Estado y las respuestas de defensa y mejora de sí mismo que el Estado ha realizado. Por tanto no es un teoricismo abstracto. Es más, esa teoría se asienta también sobre la propia adaptación defensiva y ofensiva del Estado español en su permanente agresión contra el pueblo trabajador vasco. Una explicación paciente, sistemática, rigurosa y podagógica siempre anclada en los hechos. Por ello este tema concierne en directo a las áreas de formación política del MLNV. De aquí y en dialéctica conexión con cada estructura organizativa, se deberá concretar la adaptación de esa teoría crítica al campo concreto en el que se mueve cada militante, cada organización. Una cosa es cómo interviene, cómo está presente o se personaliza, cómo se camufla o desaparece el Estado en la problemática de la drogadicción, por ejemplo, y otra en la municipal. La teoría crítica general debe demostrar que el Estado es omnipresente, pero que adquiere tantas formas como realidades existen. Debe demostrar que detrás de cada opresión está el Estado pero que está de forma diferente y adaptada.

      Hay que poner manos a la tarea. En la medida en que se retrase seguiremos arrastrando serias dificultades dentro mismo de la capacidad de perspectiva, de proyección y de elaboración de modelos, de alternativas y planes concretos. Sin ir muy lejos, no se puede comprender nada de lo que es la democracia sin una correcta teoría del Estado y no a la inversa. El Estado es la base de la democracia, de toda democracia, y nunca a la inversa. Creerlo así es eso: una creencia, es decir, aceptar algo sin pruebas ni demostración. Sin ir muy lejos, desmitificar a la ertzaintza es imposible sin antes poseer una teoría del Estado como pivote material, organizador y alimentador de la ertzaintza. La cipayada no es algo ajeno al Estado, es su prolongación con txapela, una de sus excrecencias, una defecación del Estado como otra cualquiera. Por último, en el tema de los medios de comunicación, esa urgencia es si cabe más perentoria por todas las razones vistas a lo largo del texto.

      Y como instrumento central de ese esfuerzo, así como garante de su continuidad y profundización, debemos planificar a tres o cuatro años vista la creación de taldes interdisciplinarios capaces de elaborar teoría. Es verdad que algunas estructuras del MLNV tienen algo parecido a eso, pero son muy pocas, no actúan sinérgicamente y su capacidad es por ello deficitaria. Debemos planificar mediante contactos con IA vía JARRAI, las disponibilidades de estudiantes en áreas imprescindibles de conocimiento, de modo que las organizaciones sepan que dentro de cuatro años pueden disponer siquiera de un pequeño equipo interdisciplinar -liberado- integrado en la dinámica de necesidades. Es imprescindible: incluso hay que reducir el número de liberados para algunas tareas con tal de poder mantener el grupo interdisciplinar. El conocimiento es un arma. Un arma cada vez más efectiva en manos del Estado y que desarrolla toda su letalidad en los medios de prensa.

      5-6. ¡Viva la asepsia conceptual!.

      La ausencia de una correcta comprensión de lo que es el Estado y de sus capacidades globales repercute también, al margen de otros motivos, en la superficialidad creciente a la hora de denunciar y criticar el sistema democrático impuesto. Hacemos una crítica del marco jurídico-político desde una postura muy juridicista y legalista, apenas político radical y nula desde perspectivas clasistas y feministas. Nuestro lenguaje politiquero está cargándose de términos burgueses progresistas. Una asepsia conceptual penetra no sólo en la terminología sino en el pensamiento, LO CUAL ES INEVITABLE POR CUANTO AL PENSAR SE PIENSA CON PALABRAS Y CONCEPTOS PRECISOS. De la misma forma en que al pensar en castellano se desarrolla la mentalidad precisa, con repercusiones precisas en todos los ámbitos, del mismo modo AL PENSAR CON CONCEPTOS ASÉPTICOS, FALSAMENTE NEUTRALES, QUE HUYEN DE INFECCIONES Y CONTAMINACIONES IZQUIERDISTAS, SE DESARROLLA UNA MENTALIDAD PRECISA, MÁS PREDISPUESTA A ACEPTAR SIGNIFICADOS Y SIGNIFICANTES BURGUESES QUE REVOLUCIONARIOS.

      Esta perceptible tendencia es simultánea al debilitamiento del obrerismo, de la capacidad de sentir, ver e interpretar los problemas desde la situación vital de la inmensa mayoría de la población vasca. Debiera preocuparnos el error de minusvaloración de la previsible fuerza de la Huelga General del 27-E y sobre todo esa mezcla de pesimismo e indiferencia en algunos sectores días antes. Los ejemplos abundan demasiado, pero no podemos analizar aquí ese problema. Ahora nos interesa combatir el proceso de contagio de terminología burguesa progresista en cuanto síntoma, como fiebre delatora de una infección que aparece cada vez más asiduamente. Lo grave es que ello nos aleja de una realidad cotidiana que exige claridad, coherencia y radicalidad en los términos, consignas, mensajes e imágenes del MLNV.

      El término "déficit democrático" utilizado masivamente por el MLNV tergiversa y falsea la realidad de lo que está sucediendo en Euskal Herria. Aplicado masivamente en ruedas y comunicados de prensa, en escritos internos, etc., refleja un peligroso reblandecimiento y deterioro político y teórico. El hecho de que sea fácilmente comprensible indica sencillamente su naturaleza ambigua, su polisemia, su interclasismo y carencia de rigor. Hemos caído en la trampa de la facilidad no sólo con este término, sino también con otros que suenan cada vez más dentro del Movimiento como, por ejemplo, "sociedad civil". El cepo de la facilidad, del vulgarismo aceptado por la prensa enemiga, nos asfixia tanto como la herencia teórica que nos está ahorcando en el tema de la comunicación concienciadora.

      Hablar de "déficit democrático" es lo mismo que aceptar sin críticas un futuro marco democrático no deficitario. Del mismo modo que el déficit económico acepta el marco económico una vez superados los números rojos, también nosotros aceptamos el marco democrático una vez superado su agujero. Nos rebajamos así con antelación a lo que hicieron en su momento todas las fuerzas "democráticas" incluida la radical EIA. Mientras que partes del MLNV insisten con total razón en la urgencia de reactivar y legitimar los contrapoderes, las autoorganizaciones de base, los movimientos populares y sociales, otra parte del MLNV se desliza por la fácil terminología burguesa progresista: ¿qué imagen damos así?. Hemos puesto este ejemplo como podíamos haber puesto otros muchos.

      Mientras tanto se extiende la sensación de "normalidad democrática". Exceptuando los jarraitxus y los y las militantes más conscientes de lo que realmente es el Estado, de lo que es capaz de hacer, de lo que es la democracia actual en su práctica y no en su imagen, que generalmente se mueven en la calle y a ras de suelo, en los movimientos y en los tajos, talleres y empresas, exceptuando obviamente a los que entregan la vida, en otras franjas del Movimiento se asienta la cómoda y adormidera sensación de "normalidad democrática" sólo cuestionada transitoriamente por ese "déficit" incómodo pero superable. Un ejemplo patente del clima de relajamiento es el de EGIN durante años, convencido de que el Estado y su democracia no emplearían sus impresionantes medios para destruirlo. Otro es el de la pérdida alarmante del sentido de la seguridad, de cuidado en lo que se lleva encima, de lo que se dice por teléfono, de la puntualidad, de donde se organizan las reuniones, etc., en suma, el desprecio a los mínimos de autoprotección y seguridad frente a los sistemas policiales de información.

      El relax político causado por la "normalización democrática" se suma al relajamiento psicológico, la pérdida de tensión militante, del sentido de alerta, de reacción instintiva ante cualquier ataque, etc. Simultáneamente se licúa y derrite algo central en toda praxis revolucionaria: el odio a la opresión, la intransigencia ética en defensa de valores innegociables y de principios irrenunciables. El enemigo ya no es "tan malo"; el reformista ya no es "tan dañino". A la par, acrecentado por una defensa inconcreta y sin precisiones teórico-políticas de la Negociación, muchas veces equiparada al mero diálogo, y por una no menor inconcreción e hinchamiento abstracto de la Paz como absoluto metafísico, también de los Derechos Humanos, a la par del mismo camino de relajación no se responde con rigor a la apología estatal de la "cultura del diálogo".

      Nuestros medios de comunicación concienciadora están desbordados por el avance dirigido de la "normalidad democrática". Al exterior del Movimiento ese avance encuentra impulsores descarados pero también resistencias considerables -descoordinadas y fugaces por lo general- que somos incapaces de potenciar, apoyar y, respetándolas siempre, ayudar a coordinarse. Dentro de nosotros, estamos dejando pasar multitud de posibilidades de concienciación, de impulso, de ánimo y desgraciadamente de rentabilización y aglutinación. ¿Qué hacer?. La pregunta surge de la rabia de muchos cuando constatando el empeoramiento de las condiciones de vida globales, no perciben signos claros dentro del MLNV y fuera, en la sociedad, aunque existan.

      La respuesta exige una vez más integrarla dentro de los restantes cambios constructivos ofrecidos en este texto. Insistimos en que sirven de muy poco remiendos parciales. Dicho esto nos parecen claras tres cuestiones: una, elaborar una especie de libro de estilo de terminología política para las ruedas y comunicados de prensa, también para la utilización en textos y debates internos. No se trata de imponer obligatoriamente un léxico determinado, sino de esclarecernos entre todos de lo que estamos diciendo cuando decimos algo. Su finalidad es la de aclarar las implicaciones políticas de los términos, sus consecuencias a medio plazo, de qué corriente política provienen -nos llevaríamos más de una sorpresa desagradable- y que diversas y enfrentadas utilizaciones se pueden hacer.

      Dos, pasar internamente en las estructuras del MLNV una crítica de la democracia real existente, de la "normalización" y sus efectos, etc. No tiene porqué ser un texto largo y minucioso, sino sencillo, que ponga las cosas en su sitio y muestre a nuestra gente la necesidad de la lucha propagandística y concienciadora. Sería bueno que el texto concretase las implicaciones del tema sobre cada organización. Un texto similar y adaptado a su marco debiera pasarse por los comités de HB. Y como remate, coincidiendo en el tiempo con ese esfuerzo interno, ver la posibilidad de un debate en el periódico sobre el mismo tema y algún acto público. Puede ser una campaña barata, directa y sencilla. ¿Argumentos en contra?: no vemos ninguno a no ser del de redacción del texto y elección del momento.

      Tres, simultáneamente o al poco tiempo, en ayuntamientos y diputaciones, tal vez en Gasteiz y desde luego sí en Iruñea -para aprovechar eficazmente alguna de las muchas "actividades" parlamentarias- los cargos de HB debieran presentan mociones, propuestas, etc., indicativas de las críticas de fondo, que no sólo de forma ni de "déficit", que hacemos a la actual democracia. También los órganos y portavoces de todas las organizaciones, movimientos populares, etc., utilizarían esas fechas para denunciar con ejemplos prácticos y materiales cómo sus diversos campos de intervención son machacados impunemente por esa democracia.

      Pensamos que este tema es suficientemente grave como para no pasarlo por alto. Las dos únicas pegas que vemos nos remiten a posibles diferencias políticas: una, que "técnicamente" no es posible, lo cual además de no sostenerse por ningún lado, deja al aire el contenido político interno a toda decisión técnica y otra, que el problema no es "tan grave". No entramos a esta segunda pega que viene a confirmar nuestra tesis: la "normalización" empieza en el mismo momento de quitarle gravedad.


      5-7. Cipayos desnudos e impotentes

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